Este texto pertenece a un creyente al cual sigo a través de las redes. Generalmente leo sus publicaciones, pero no suelo "levantarlas", aunque esta vez hago una excepción. Lo escrito aquí fue posteado en su cuenta de Facebook días atrás:
Hay enfermedades que los médicos tratan sin poder curar. Hay dolencias que los análisis no detectan, que los fármacos no alivian y que desaparecen de maneras que la ciencia no puede explicar. No se trata de negar la medicina ni de caer en el fanatismo. Se trata de reconocer que las Escrituras presentan una dimensión de la enfermedad que el paradigma materialista sencillamente ignora, la acción de los rujot de enfermedad.
Una Realidad Que El Texto Bíblico No Oculta
La Besorah/Evangelio de Luka/Lucas narra el caso de una mujer que llevaba dieciocho años encorvada, sin poder enderezarse. Yahshua no oró por su columna vertebral. No le recetó reposo ni manipulación. La llamó, puso sus manos sobre ella y dijo: "Mujer, eres libre de tu enfermedad." Luka 13:11 aclara que esta mujer tenía "un ruaj de enfermedad" y que ha satán la había tenido atada durante dieciocho años. La curación fue inmediata.
Este no es un caso aislado en las besoroth/evangelios. En Mattiyah/Mateo 9:32-33, un mudo es traído ante Yahshua y el texto indica que el mutismo era producido por un demonio. Cuando el ruaj fue echado fuera, el hombre habló. En Mordejai/Marcos 9:17-29, un muchacho sufría convulsiones, espuma en la boca, rigidez y pérdida del conocimiento. Una fenomenología que hoy sería diagnosticada como epilepsia. Sin embargo, Yahshua trató el caso como lo que era, un ruaj inmundo que había que expulsar con autoridad y oración.
Obviamente la conclusión no es que toda enfermedad sea de origen demoníaco. La Biblia misma distingue entre sanidades y liberaciones como dones y ministerios diferentes. Pero sí afirma, con una claridad que resulta molesta para el racionalismo moderno, que existen rujot cuya función específica es atar, enfermar y destruir el cuerpo humano.
La Demonología Bíblica Y La Enfermedad
El libro de Iyov/Job es probablemente el texto más revelador sobre este tema. Elohim mismo permite que ha satán golpee el cuerpo de Iyov. Las úlceras que cubren su piel de la planta del pie a la coronilla no son el resultado de una infección bacteriana ni de un déficit nutricional. Son el efecto directo de una acción espiritual autorizada dentro de la soberanía divina. Iyov no peca, no cae en idolatría, no abre ninguna puerta espiritual conocida. Y sin embargo es atacado en su cuerpo. Esto derrumba la teología simplista que enseña que toda enfermedad es consecuencia directa del pecado personal.
Shaúl/Pablo menciona en Qorintiyim Bet/2ª Corintios 12:7 un "aguijón en la carne", al que llama "mensajero de ha satán" enviado para abofetearlo. Sea cual sea la naturaleza exacta de esa aflicción física, Shaúl la identifica como un instrumento de origen satánico. No como castigo de Elohim, sino como una realidad que el Adón/Señor permite dentro de sus propósitos soberanos.
MaAseh Shlijim/Hechos de los apóstoles, describe cómo la sombra de Kefá/Pedro sanaba enfermos y cómo los pañuelos que habían tocado el cuerpo de Kefá liberaban a personas de enfermedades y de rujot malignos. La distinción entre ambas cosas sigue siendo explícita, había enfermedades y había espíritus. Y la autoridad apostólica actuaba sobre las dos categorías.
La Puerta De Entrada
Una pregunta legítima es cómo opera la acción de estos rujot sobre el ser humano. Las Escrituras no elaboran un tratado sistemático al respecto, pero sí ofrecen pistas. El pecado abre puertas. Devarim/Deuteronomio 28 enumera una serie de enfermedades terribles como consecuencias de la desobediencia y el alejamiento de Elohim. No se trata de una mecánica mágica sino de una lógica espiritual, quien sale de la cobertura de Elohim queda expuesto a fuerzas que Elohim mantenía a distancia.
El ocultismo es otra puerta. La consulta a adivinos, la práctica del espiritismo, la participación en rituales de otras espiritualidades, todo eso constituye, en el marco bíblico, una invitación formal al reino de las tinieblas. Y ese reino no llega con banderas visibles. Llega con sutileza, con enfermedades crónicas, con diagnósticos que se acumulan sin resolución, con un deterioro que parece natural pero que tiene un agente detrás.
El trauma también puede ser una vía de entrada. No en el sentido de que la víctima sea culpable, sino en el sentido de que las heridas profundas del alma generan grietas en las que el enemigo puede asentarse. La rabia sostenida, el odio, el miedo crónico, la amargura enquistada durante años, son estados del alma que la medicina llama factores psicosomáticos y que la teología llama puertas espirituales. Ambas descripciones apuntan al mismo fenómeno desde distintos ángulos.
La Sanidad Como Señal Del Reino
Yahshua no separó la proclamación de la besorah/evangelio, de la sanidad de los enfermos. En Mattiyah 10:7-8 instruye a sus discípulos: “Sanen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen fuera demonios.” La expulsión de demonios y la sanidad de enfermos aparecen en la misma lista, como expresiones del mismo Reino que avanza.
Yaakov/Santiago 5:14-16 establece un protocolo para la iglesia. Los ancianos oran sobre el enfermo, lo ungen con aceite en el nombre del Adón, y “la oración de fe salvará al enfermo y el Adón lo levantará.” No es una promesa condicionada por la voluntad exclusiva del creyente. Es una promesa que involucra la autoridad de la Congregación, la fe y la acción soberana de Elohim. El versículo siguiente vincula explícitamente el perdón de pecados con la sanidad física, reconociendo que en ocasiones hay una conexión entre ambas dimensiones.
La guerra espiritual en este terreno no es exótica ni marginal. Es parte constitutiva de lo que significa vivir el evangelio en plenitud. Ignorarla no la hace desaparecer. Solo deja al creyente desarmado frente a una realidad que las Escrituras describen con total naturalidad.
Discernimiento, No Ingenuidad
Afirmar la existencia de rujot de enfermedad no equivale a diagnosticar todo dolor de cabeza como posesión demoníaca. Las Escrituras exigen discernimiento, y la iglesia histórica siempre ha reconocido que el ser humano es una unidad de cuerpo, alma y ruaj, y que las enfermedades pueden tener causas naturales, psicológicas o espirituales, o una combinación de las tres.
El peligro está en los dos extremos: el materialismo que niega toda dimensión espiritual de la enfermedad, y el misticismo irreflexivo que ve demonios en cada síntoma y desaconseja la atención médica. La madurez teológica consiste en sostener la tensión: creer en la medicina que Elohim ha dado, y creer también que hay batallas que no se ganan con fármacos sino con oración, ayuno y autoridad espiritual.
Iyov fue restaurado. La mujer encorvada se enderezó. El muchacho epiléptico fue librado. El mudo habló. La Escritura los registra no como curiosidades históricas sino como testimonios de lo que el Reino de Elohim hace cuando avanza sobre el reino de las tinieblas. Y ese Reino no ha cambiado.
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